En Noticias Positivas, Vanesa Martín —responsable de proyectos y Nuevas Narrativas en porCausa— publica un artículo que recoge algunas de las reflexiones que han marcado el cierre de Empoweryouth. El texto arranca con frases que las y los jóvenes compartieron durante los encuentros y que se quedan dando vueltas en la cabeza:
“Hay que dejar de hablar y hacer más”, “Queremos romper con la idea del musulmán pobrecito”, “Yo lo que quiero es hacer música”.
Detrás de esas palabras hay una juventud que quiere contar sus propias historias y dejar atrás miradas paternalistas. Una juventud que quiere mostrarse tal cual es.
Una palabra que conecta más de lo que parece
Vanesa cuenta cómo nació la campaña Ojalá, creada junto a los integrantes del proyecto. La palabra que usamos casi sin pensar tiene un origen árabe (law sha’a Allah). Para comprobar cuánto se conoce esta historia, el equipo salió a la calle para preguntar. La mayoría no sabía de dónde venía “ojalá” ni que muchas palabras cotidianas también vienen del árabe.
Ese pequeño ejercicio abre una idea que atraviesa todo el artículo: hay vínculos culturales que existen desde hace siglos, aunque a veces pasen desapercibidos.
Salir a la calle, ocupar el espacio
La campaña fue tomando forma a partir de algo que los propios jóvenes repetían una y otra vez. Querían hacerse visibles, ocupar el espacio público, llevar el proyecto más allá de las salas de trabajo. De ahí surgieron camisetas, carteles, vídeos y un podcast que muchas personas señalaron como la parte más divertida del proceso.
En ese podcast compartieron historias familiares, recuerdos y deseos. También expresaron que les gustaría que la campaña se hiciera viral y que hubiera más recursos para impulsar sus propios proyectos creativos.
Encontrarnos en lo que compartimos
El artículo recuerda que el discurso islamófobo lleva años insistiendo en remarcar la diferencia. En Empoweryouth se buscó lo contrario. Se buscó el lugar donde nos encontramos.
La comida, el lenguaje, las celebraciones… todo eso muestra que nuestras historias están más entrelazadas de lo que pensamos. Cuando se insiste en la separación, aparece la deshumanización. Cuando se apuesta por la convivencia, surge comunidad y pertenencia.
Vanesa termina su artículo con un deseo que resume bien el espíritu del proyecto. Seguir creando juntas, tejiendo comunidad y dejando espacio para la alegría.
Empoweryouth termina, pero el propósito sigue vivo. Su texto es una invitación a seguir imaginando futuros posibles.


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